Problemas de conducta más frecuentes en perros. 1ra Parte

Antes de abordar una modificación de conducta, hemos de entender que el comportamiento que observamos en un perro viene motivado, directa o indirectamente, en un buen número de ocasiones, por una necesidad.  Estas necesidades pueden ser físicas (por ejemplo, necesidad de calor), fisiológica (necesidad de comida) o psicológica (necesidad de afecto). Para algunos autores, cada una de estas necesidades crea un estado emocional en el perro que energiza y motiva la conducta para conseguir solucionar el conflicto y retornar al equilibrio emocional.

Cuando hablamos de problemas de conducta nos referimos a las dificultades que surgen en la convivencia entre perros y humanos producto de un comportamiento inadecuado o no esperado por parte del perro. Estas dificultades serían los problemas de conducta.

En ocasiones el problema de conducta está originado por una cuestión clínica. Por eso, siempre es recomendable valorar que el origen del problema no esté en una enfermedad que esté haciéndose comportar al perro de manera inusual e inadecuada.

Pero, en la mayor parte de los casos, en el origen del problema de conducta se encuentra una emoción en desequilibrio. Abordar el problema de conducta directamente es necesario. Abordarlo, también, indirectamente y desde la emoción en desequilibrio que lo genera, es mucho más completo y, por tanto, más eficaz.

Es por este motivo que abordar el problema de conducta poniendo el foco en el equilibrio emocional, va a lograr mejorar la predisposición del perro a cualquier intervención del profesional en su conducta. En definitiva, mejorará su capacidad de concentración, relajación, aprendizaje y reducción de las manifestaciones del problema de conducta.

Lo que se pretende es incidir directamente en la emoción subyacente al problema de conducta. De este modo, facilitando la gestión emocional al perro, los procesos se consiguen hacer más directos y eficaces.

¿Qué es un problema de conducta canino?
Un problema de conducta en un perro sería un comportamiento considerado como inadecuado o inesperado.

Evidentemente, este concepto es un concepto subjetivo. Está visto exclusivamente desde los ojos del ser humano, ya sea el dueño, ya sea el adiestrador de perros que trabaja con el caso.

Un punto de partida razonable es considerar todas las conductas del perro como naturales. Que ladre, es natural. Que gruña, es natural. Que tenga miedo a determinados estímulos, es natural.

Lo que no es del todo natural para su ser, es la sociedad en la que le ha tocado convivir. Una sociedad de humanos y para humanos. Una sociedad para la que, en muchos casos, no ha sido preparado. Con unos dueños que, en ocasiones, poco o nada saben del lenguaje canino y de las necesidades reales que tiene el perro como especie, muy diferentes a las que tiene un ser humano.

Por tanto, el problema de comportamiento, visto desde esta perspectiva, adquiere un enfoque completamente diferente. El problema sería más un comportamiento inadecuado, molesto o incívico, más que un “problema”.

Es natural que un perro ladre. Pero es molesto que lo haga a determinadas horas de la noche. Es natural que lo haga. Lo antinatural sería que un perro maúlle. El ladrido, y sustitúyase por cualquier otro problema de conducta, es natural. Lo que sucede es que genera un problema en la convivencia social.

Una conducta natural se convierte en problema cuando se amplifica, se intensifica, se produce demasiadas veces, no se puede controlar o se desata. En estos casos, generalmente hay una emoción subyacente que lo está generando. Esta manifestación “maxificada”, nos indica que hay algo que solucionar, pues suele generar situaciones evidentes de estrés y desequilibrio y, por lo tanto, de infelicidad para el perro.

En la próxima edición veremos los problemas de conducta más frecuentes.